30 de julio de 2009

El gusto de los otros

Una amiga muy querida (cuyo nombre y/o nick no mencionaré, aunque bien podría dar su número de DNI) muy de vez en cuando me hace un comentario de este estilo: "El último post que escribiste me gusta". Convengamos en que lo hace en forma esporádica, lo que evidencia que la mayoría de mis posteos no le agradan o que solamente le gustan algunos muy específicos. Sólo por hoy me inclinaré por esta segunda posibilidad.
Lo curioso del caso es que a ella le gustan todas aquellos posteos de los cuales me arrepiento de haber escrito ni bien hago un click sobre el botón: "publicar entrada". No obstante ello no los borro. Los dejo porque me produce pereza eliminarlos y porque muy en el fondo les tengo el mismo cariño que se le puede tener a esos dibujos que hacíamos cuando eramos chicos, sin respetar las formas ni los colores, pero que mirados a la distancia nos causan cierta ternura.
Esos posteos también coinciden o expresan esos extraños momentos de "globidad" que, en mi caso y por mi condición de chica trágica, tienen una escasa duración.
Tan escasa como una canción de The Cure.
Digamos, como unos 17 segundos.

26 de julio de 2009

globidad

Vendría a ser como esa sensación de brisa que sopla luego de una noche sofocante de verano y que nos permite conciliar el sueño por un par de horas.
No.
Para ser más precisa vendría a ser como la calidez que se percibe al volver a casa luego de pasar un día de invierno en la calle.
Es casi como meterse en la cama, sabiendo que al otro día no hay que madrugar.
Es similar a comer chocolates en un sillón, mientras miramos una de nuestras películas favoritas.
En realidad es más como una sensación de liviandad y de calma completa.
Es como haberse sacado un peso de encima, un yunque que teníamos atado a la boca del estómago.
Es como levantar vuelo en medio de una suelta de globos. Es como ser uno de esos globos.
No.
Es mucho mejor aún, es como ser el aire mismo y todos los globos juntos.
Y tener la certeza de que engancharse en una nube, en medio del recorrido, es lo mismo que amarrarse al puerto de destino.

20 de julio de 2009

El día del amigo, según Madre

Opinión de Madre, en el día de la fecha:
"Está muy bien todo este festejo por el Día del Amigo, pero me molesta que la gente no distinga entre los diferentes saludos que hay. No es lo mismo desear una "Felíz Navidad" o un "Felíz Día de la Primavera" que decir: "Felíz Día del Amigo". Yo quiero saludar y ser saludada sólo por mis amistades. No puede venir el hombre que desinfecta por las cucarachas y saludarme en un día como hoy".
Diálogo con Madre, en el día de la fecha:
Madre: ¿Quienes son esos tipos que salen en la foto con Obama?
moi: deben ser los que llegaron a la Luna.
Madre: Ah.
moi: ¿Vos crees que de verdad llegaron a la luna?
Madre: No se. bah, en realidad tampoco me importa. Por mí, pueden haber llegado hasta Luján que tampoco me interesa.

Foto y comentario de Madre, en el día de la fecha:
"Si, saquemosle una foto a Yukio, porque ella es una de las mejores amigas que tenemos. No hay nada mejor que celebrar con ella en un día como hoy".

13 de julio de 2009

The end


Intentaré describir la situación lo mejor posible. Estoy mirando una película que me parece que está bastante bien, es decir que a medida que transcurre pienso cosas como éstas: ¡Qué bien que está esta película!, ¡Cómo me gusta esta película!, ¡Bien ahí!, etc.
Llegado un punto del film, cuando la situación debe empezar a definirse -digamos que ya ha transcurrido más de una hora y media desde el inicio de la función, porque tampoco voy a ser tan necia como para ansiar lo que voy a explicar a los 10 minutos de comenzada la proyección- algo sucede en la pantalla e instantáneamente yo considero que sería perfecto que ese fuese el final. La película sí o sí tiene que terminar ahí porque ya no hay nada más para decir luego de eso, ha llegado a su instante cúlmine.
Sospecho que hasta podría llegar a emocionarme si así fuera, porque sin lugar a dudas ESE ES EL FINAL PERFECTO PARA ESA PELICULA, y entonces yo recomendaría la película con cierta efusividad (tampoco tanta porque odio la desmesura en público) e incluso resaltaría la mano magistral del director y también del guionista en la elección de la escena final.
Pero esto casi nunca sucede, porque se ve que los directores de cine se ceban y piensan que posiblemente jamás lleguen a obtener un crédito para una segunda filmación. Entonces quieren quemar todas las naves en la primera oportunidad y la película comienza a extenderse atentando contra cualquier noción estética y de buen gusto. Y así, lo que podría haber sido una gran película se convierte en un mamarracho de proporciones, en un pasticho (que bueno es decir y escribir "pasticho") que no tiene ni ton ni son y que se prolonga hasta que todos los espectadores comenzamos a desear que alguien queme el cine o que los actores se rebelen y secuestren al director o sencillamente que se produzca un hueco en el medio de la sala del que irrumpa el diablo para arrastrarnos hacia las llamas eternas.
O algo por el estilo.

11 de julio de 2009

sequía

Es indiscutible: cada vez que estoy de vacaciones y no sufro esa apremiante persecusión de los tiempos (imagino un reloj gigante corriendo detrás mío -creo que estoy muy mal-), mi producción en este espacio decae.
Digamos que se da una peligrosa conjunción entre las pocas ganas de escribir y mi nula capacidad de ocurrencia.
Y eso es algo inexorable, como la relación de la luna con las mareas, la ley de gravedad y las manzanas o la imposibilidad de la izquierda internacional para presentarse con una propuesta única en las elecciones.
Por eso he decidido no esforzarme y dejar que las cosas fluyan.
Ahora eso sí, me puse a pensar qué tremenda escritora sería si tuviera a alguien apuntándome en forma constante, con una ametralladora en la cabeza. Con semejante presión, yo podría llegar a ser como Fernando Pessoa o como Boris Vian o quizás como Carlson McCullers.
Claro que la gente que porta ametralladoras, usualmente no está interesada en el desenvolvimiento de la literatura nacional.
Una verdadera pena.

7 de julio de 2009

Cayó granizo

Probablemente el único punto a favor que tiene la obviedad es que no necesita explicación alguna.
Se puede ser un delincuente. Pero además de delincuente se es miserable cuando no sólo se intenta justificar el crimen sino que además se pretende contar con la aprobación popular.
En fin.