30 de abril de 2009

"Por favor, no seamos Werther"


La gente a la que le gusta leer siempre encuentra la manera de comparar la realidad con la ficción.
Algunas de las situaciones que enfrentan en sus vidas se asemejan a otras que han leído en los libros.
Es muy común que esta clase de gente (entre las cuales me cuento, sin duda alguna) cuando conocen a alguien piensen que esta persona les recuerda a algún personaje de un libro.
Ese es un gran momento -casi mágico- especialmente cuando la otra persona conoce el libro y simpatiza con el personaje o con el escritor.
Por ejemplo, es posible decir: "Vos me haces acordar a un personaje de un libro de Kerouac" o algo por el estilo.

Pero el problema se presenta cuando se le dice a alguien que nos recuerda a un personaje que detesta o se lo vincula con un libro que no le gusta o un escritor al que odia muchisimo (malisimamente mal).
Lo mejor en todos los casos es decirle a la persona en cuestión que nos recuerda al personaje de un libro que en realidad no existe. Entonces tranquilamente se puede afirmar: "Oh, vos me haces acordar a esa chica del libro de León Batilov" (inventar el nombre de un escritor ruso siempre es de gran ayuda). Y cuando la chica pregunte cómo es el personaje es posible inventarlo de acuerdo a la situación: "Bueno, se trata de una chica hermosa, tan llena de vida, talvez un poco obsesiva, bastante tonta y un tanto gorda".

La otra posibilidad reside en comparar a cualquiera con Madame Bovary y si la persona se enloquece porque no le gusta ese personaje, siempre se puede salir elegantemente del embrollo diciendo: "Creo que malinterpretaste mi punto de vista. Lo que estaba tratando de decir es que me haces acordar a Gustave Flaubert, el escritor de la novela. Como obviamente sabrás, él dijo: "Madame Bovary soy yo" (Madame Bovary c'est moi)

Y ahí nomás todo volverá a la calma y seguramente la persona se sentirá muy complacida porque, como es bien sabido, a todos les gustaría parecerse a un escritor, debido a que la gente suele pensar que se trata de personas muy inteligentes e interesantes.


26 de abril de 2009

La importancia de llamarse (coloque el apellido que le parezca -in-conveniente)

El apellido de una persona la determina en muchos aspectos.
No es lo mismo llamarse Pérez que llamarse Pérez Companc. Eso salta a la vista (a la vista saltan las cuentas bancarias que separan al primer apellido de su versión compuesta).
Pero hay otras situaciones en las que el condicionamiento no viene dado por el origen del apellido sino lisa y llanamente por su significado.
Calculo que si uno se llama Roberto Fracaso y se desempeña como abogado, las posibilidades de obtener clientes no han de ser muchas. No resulta muy auspicioso para un simple mortal escuchar una frase como esta: "Quédese tranquilo, el Dr. Fracaso se está ocupando de su caso (y lo está conduciendo hacia donde su nombre lo indica)"
Sospecho que si uno es cirujano y se llama Carlos Fiasco, tiene escasas chances de ser elegido para una intervención quirúrgica de extrema complejidad. "No tema por esta operación a corazón abierto, su vida está en las confiables y expertas manos del Dr. Fiasco" (Ante este hecho, ya estaría redactando mi testamento, en el que designaría al Dr. Fracaso como albacea).
Intuyo que llamarse Graciela Barata le resta muchos puntos a una dama. "Así que te vas a casar con Graciela Barata? ¿Estás seguro de ella? Mirá que yo la conozco bien y es una "graciela" cualquiera."
*Por extraño que parezca, juro que todos los nombres consignados son reales. Cualquier parecido con la realidad es tal.

22 de abril de 2009

Formidabilis (en latín)



"Porque soy conocido como un autor de historias fantásticas, sé que hay algo en la palabrita que parece prevenir al lector sobre la irrealidad de los hechos narrados. Durante mucho tiempo con Borges la usamos con algún recelo. Nos sugería la imagen de una señora lanzando gritos de placer "¡Fantástico! ¡Fantástico!"



Adolfo Bioy Casares





Yo bien podría encarnar a la señora paqueta y gorda (sin duda debe responder a esta descripción) a la que hacían referencia Bioy y Borges, pero a diferencia de ella, suelo lanzar al aire otra palabra: ¡Formidable! cuando quiero expresar que algo me parece magnífico. No la utilizo como sinónimo de fantástico, puesto que reservo este término exclusivamente para la literatura que magistralmente practicaba Bioy.
Sin embargo, y como prueba de la mutabilidad de la lengua (entre muchas otras cosas), advierto por una consulta a la RAE que la acepción original de formidable es la de "algo muy temible, que infunde asombro y miedo".
Luego de eso, ya no encuentro magnificencia alguna en el término "formidable", por lo que limitaré su uso a las ocasiones en las que me encuentre con un monstruo, con un ser mitológico o con un payaso (uno con exceso de maquillaje, aunque también podría tratarse de un miembro del grupo Kiss).
No obstante ello, toda esta situación no deja de parecerme fantástica.

19 de abril de 2009

Si





Si yo fuera una nariz.
Tan solo una nariz, quiero decir.
Una enorme nariz sin el resto del cuerpo.

Una persona-nariz.


Yo haría todas las cosas que una nariz hace, por ejemplo: oler.




Así podría pasar mis días viviendo en lugares como estos:



1. en mi almohada, porque siempre suele bien.

2. en el cuello de alguien (no de cualquiera, de más está decirlo).

3. en el medio del pasto mojado luego de la lluvia.

4. cerca del mar, para sentir el aroma del agua salada en el viento.

5. entre la ropa recién lavada.


Ocasionalmente podría pasar algunas horas (que vendrían a ser como las vacaciones de la nariz) oliendo:

nafta (pero esto es opcional).





Si un día me convierto en nariz y alguien necesita hablarme, ya saben dónde encontrarme.

15 de abril de 2009

A pedido

Hoy actualizo en el otro blog a pedido de Horacio, que me hizo un serio reproche por mi falta de actividad, que rozó las más hondas fibras de mi corazón (como me gusta caer en los clichés).
También quisiera hacerles saber que aunque no parezca, no es que yo no actualice por pura maldad, sino es que lamentablemente aún no he conseguido a nadie que me mantenga o que sencillamente me pague por escribir. Por ende debo seguir trabajando para obtener un miserable suelducho que me permita obtener malditas mercancias, en esta alienante sociedad capitalista de porquería en la que vivimos, mientras otros cerdos se apropian de la plusvalía.
Karl Marx
PD: Ah, no olviden pasar por acá

11 de abril de 2009

Lo importante

Es como si fueras a hacer una confesión terrible.
Finalmente decidis expresar tus sentimientos más profundos y cuando estás parado frente a la otra persona, dispuesto a empezar a hablar, ese otro dice:
-Esperá, esperá un minuto antes de hablar. Quería comentarte que estoy muy preocupado por el curso de la Economía. Vos sabes que todavía no se si voy a recuperar todo lo que invertí. Probablemente en este contexto de crisis internacional lo mejor sería comprar inmuebles para luego alquilarlos y así obtener una módica renta o sino comprar oro. El oro siempre fue una gran alternativa. Perdón, pero qué era lo que ibas a decirme cuando te interrumpí?
-... nada, una tontería. No es importante. Olvidalo.
(bueno, es como eso, pero un poco diferente)

7 de abril de 2009

Consejos para una tarde lluviosa

Para una tarde lluviosa se necesita tener a mano:


1. lluvia
2. una ventana enorme o ventana con balcón francés (aconsejable)
3. una pared frente a esa ventana
4. una mesa
5. un mantel largo
6. un amigo (opcional)







Una vez que se obtienen todas esas cosas, hacer lo siguiente:


1. Echar un vistazo afuera para asegurarse que está lloviendo lo suficientemente fuerte
2. Poner la mesa contra la pared
3. Colocar el mantel sobre la mesa hasta cubrirla completamente
4. Esconderse debajo de la mesa y levantar el mantel de un solo lado de la mesa hasta que se pueda ver la ventana
5. Sentarse debajo de la mesa cubierta, con la espalda contra la pared y prepararse para disfrutar de esta experiencia: Así se tiene el mejor refugio para ver y escuchar la lluvia
6. Puede disfrutarse en soledad o invitar a un amigo, pero esto siempre, pero siempre es opcional

5 de abril de 2009

Un mal momento...

Es como:

1. Abrir la puerta de una habitación y ver exactamente lo que no tenías que ver.
2. Escuchar las últimas palabras de una conversación que se suponía que no debías escuchar.
3. Espiar por debajo de la mesa y descubrir que el tipo barbudo que estaba sentado en frente tuyo y que vociferaba como un oso mientras tomaba cerveza, viste una pollera muy corta.
4. Encender un fósforo y descubrir por pocos segundos que la persona que estaba conversando tranquilamente con vos en la oscuridad tiene la cara de una bestia.