31 de diciembre de 2008

¡Felíz 2008!

No es un error de tipeo. Escribí 2008 adrede.
Pueden pensar que estoy absolutamente desquiciada, lo cuál no sería ninguna novedad a esta altura de las circunstancias (de modo, de tiempo y de lugar).
la idea es la siguiente: el futuro es incierto, o no (quién sabe?). Lo más preocupante es el pasado. Es decir, la forma en que analizamos o explicamos ese pasado.
Voy a dar un ejemplo bien burdo para que se entienda: Durante el transcurso de 2008 conocimos a alguien y nos enamoramos. Este acontecimiento nos parece regio (esta palabra la usaba mi abuela Bochini, por eso la incluyo acá). Amamos a esa persona y estamos muy felices de haberla conocido, pensamos que existe alguna lógica en el Universo y hasta damos las gracias porque el cretino o la cretina con quien salíamos antes nos abandonó justo dos semanas antes de conocer a esta nueva persona.
Ahora bien, resulta que con el correr del tiempo, este individuo comienza a develar su verdadera personalidad y así -con pavor- comprobamos que ese ser tan adorable y encantador no era otra cosa más que un maníaco-depresivo, obsesivo-compulsivo, asesino serial, cerdo, egoísta, mal nacido, siempre pensando en salir con tus amigos en vez de quedarte en casa conmigo. TE ODIO, TE ODIO con toda mi alma...
Perdón.
Bueno, como podrán advertir, ese momento del encuentro -que tuvo lugar en 2008- se transforma, por obra y magia del transcurso del tiempo, en uno de los hechos más trágicos y nefastos de nuestra existencia.
Por eso, mi deseo es que en el devenir de los días, este 2008 no se les revele como un año plagado de ingratitudes, sino que los hechos trascendentes que ocurrieron durante el mismo, conserven intacto o incluso mejoren el sentido que ustedes le hayan querido, sabido o -aunque más no sea- podido dar.
Salud!

24 de diciembre de 2008

Claro, también es Navidad


Como este blog está bastante desactualizado tengo muchos y muy buenos proyectos para el próximo año -que bien poco tienen que ver con este espacio, pero eso es lo de menos- porque como los pienso escribir acá, alguna conexión tienen.


Dale que el año que viene, un día Carlos Fuentes mientras navega por Internet (porque Carlos Fuentes debe ser adicto a la tecnología) entra por error a este blog y me deja un comentario de este tenor: "Sinceramente me gusta mucho la forma en la que escribes (Carlos escribe y habla así porque es mexicano). Me agradaría en sobremanera que te pusieras en contacto conmigo para discutir ciertas cuestiones literarias sobre mi próximo libro y tu opinión me resultaría de inestimable ayuda. De paso, podria ponerte en contacto con mi editor. Saludos"


Dale que el año que viene yo estoy tocando el bajo en algún barsucho perdido de Buenos Aires y de pronto se me acerca Damon Albarn y me dice: "Te estuve escuchando tocar y estoy muy impresionado (Damon habla así porque es inglés) y quisiera que tocaras conmigo en una nueva banda que tengo en mente. De paso quiero decirte que te amo desencajadamente y que me gustaría que te cases conmigo de inmediato, así nos vamos a vivir a Londres la semana próxima".

16 de diciembre de 2008

Y todo gracias a la ciencia



Voy a hacer un comentario que dista mucho de ser un análisis comunicacional o semiótico, es un simple aporte de perogrullo, fruto de mi vasta experiencia como televidente.
Hace muchos años, en la mayoría de las novelas nacionales y latinoamericanas siempre se debatían cuestiones atinentes a la identidad. La búsqueda de la verdadera identidad era un lugar común insoslayable, al punto que ya de antemano se sabía que en algún momento se iba a desatar el conflicto que tenía como eje a esta temática. Desde el principio se podía sospechar que el muchacho pobre, en realidad era hijo del multimillonario o que la protagonista era la heredera de un imperio empresarial.
Al margen de la historia de amor, siempre la incógnita acerca del verdadero origen de los personajes era sumamente interesante. El descubrimiento de la verdad dependía de la confesión de algún moribundo, de un testamento oculto que reconociera al hijo post-mortem o de la intervención de Mandinga, pero lo cierto es que cuando se develaba la verdad, nadie se atrevía a dudar de ella y se la daba por buena.
Cuando los estudios de ADN se volvieron de público conocimiento y la población media supo que por un sencillo y rápido análisis era posible atribuir la paternidad con un 99,9 % de certeza, los libretistas de televisión vieron peligrar uno de los puntos fuertes de sus novelas.
Pero entonces algo fabuloso sucedió. Se les ocurrió -para desgracia de los telespectadores- que podían acontecer miles de inconvenientes hasta que el resultado del análisis de ADN cayera en buenas manos. Así podían falsearse los estudios, modificarse los resultados, cambiarse las muestras y los sobres, aparecer médicos corruptos e inescrupulosos ávidos de dinero, hasta plantear la gigantesca incoherencia de que cualquiera -léase bien: cualquiera- le arrancara un cabello a un personaje y alegremente lo mandara a analizar en la búsqueda de filiaciones perdidas y sospechadas
Está todo bien, señores guionistas y creativos de televisión, yo se que necesitan comer, pero de ahí a plantear cualquier situación de lo más inverosimil por unos míseros puntos de rating, no da.
No da en lo más mínimo.

1 de diciembre de 2008

Aviso

Agradezco a quienes se mostraron preocupados por el destino de este blog.
Yo estoy más preocupada por mi destino, como Robert Wagner en "Ladrón sin destino", pero este blog sigue su curso (natural?... creo) y se desbarranca de a poco.

De todos modos, hoy escribo en otro lado, porque soy muy inquieta y me aburro de las cosas con facilidad. Por eso, si tienen ganas y tiempo, o ganas nomás o tiempo tan solo, pueden darse una vuelta por acá y listo.