26 de noviembre de 2008

Pavadeces

Hay determinadas cuestiones de nuestro idioma que no termino de comprender.
¿Por qué decimos "Buenas Tardes y Buenas Noches" al saludar si se trata de una sola tarde y de una sola noche? Porque si bien podemos decir "Buenos Días", también decimos "Buen día", lo que a mi entender suena extremadamente correcto.
Entonces, si el día sí puede ser uno sólo ¿por qué no la tarde y la noche? Será un problema de sonido? Convengamos en que decir "Buena tarde" o "Buena noche" suena a un saludo formulado por alguien que se tragó un par de letras "s" al enunciar , pero eso no quita que no sea correcto.
Un comentario más -así como al paso- y me voy a dormir porque el sueño está haciendo estragos en mí y me va a hacer decir más gansadas.
Si un escribano da fe, es porque tiene mucha, no?
Porque nadie es capaz de dar aquello que no tiene. Entonces los escribanos deben ser personas bien religiosas y también muy generosas porque comparten su fe con los demás.
Los escribanos podrían venir a paliar esa falta de vocaciones religiosas de la que tanto se habla. Sería bueno que los templos se llenaran de escribanos, porque de paso no se dedicarían a escriturar y hacer permisos de viaje y esa misión se la podríamos a dejar a otros profesionales como los arquitectos y la construcción de casas quedaría en manos de los farmaceuticos y la atención de las farmacias quedaría a cargo de los ingenieros y la construcción de puentes en manos de Gustavo Cerati.
Que maravillosos que son los escribanos, logran poner en marcha el mundo y mover montañas tan solo con la fe que tienen y que dan.

18 de noviembre de 2008

Hacé lo que quieras

Todo lo que tengo que decir por hoy, no está en este blog sino en este otro .
Si yo fuera lectora de este blog -cosa que no soy- no iría al otro puesto que es aún peor que éste.
Pero ustedes ya saben como es esto: Cada uno es libre de hacer lo que quiera.
Como decía una profesora mía del secundario: La libertad es libre.

16 de noviembre de 2008

Los libros me han hecho mal

Hoy recordé que cuando yo tenía 7 u 8 años, Padre me regaló unos libros de una colección llamada "Quince". Como los editores tenían una imaginación avasallante habían ideado publicar quince libros, que narraban quince relatos cada uno sobre diversas cuestiones. Digamos que eran un total de 225 narraciones (si mis cálculos no fallan, lo que a menudo suele suceder) sobre Historia, Literatura, Geografía, etc. Por ejemplo: "Quince personajes americanos bien copados", "Quince evasiones de lo más jugadas malisimamente mal", "Quince maravillas del mundo" (bueno, son 7 nomás, pero no se cómo a esos tipos no se les ocurrió agregar 8 más para publicar el libro).
Lo cierto es que Padre trajo algunos de esos ejemplares a casa, no los quince, sino los que consideró que resultarían más interesantes para mí.
De todos ellos hubo uno que acaparó toda mi atención: "Quince enigmas de la historia". Se trataba de quince hechos que habían acontecido pero que permancían sin resolución lógica alguna. A saber: ¿Existe el triángulo de las Bermudas?, ¿Qué ocultan las misteriosas huellas de Nazca?, ¿Cómo se produjo el hundimiento de la Atlántida?, ¿Quiénes construyeron las Pirámides?, ¿Quién se ocultaba detrás de la famosa máscara de hierro? y así.
Cuando terminé de leer el libro me sentí terriblemente angustiada porque nunca iba a poder tener la respuesta a todas esas preguntas (Gracias por haber contribuido a que mi infancia fuera pacífica, segura y saludable. Gracias a esta clase de libros yo me convertí en "esto" que soy hoy), pero entonces se me ocurrió una idea buenisima. En ese entonces, yo creía en Dios y pensaba que él tenía la respuesta a todas las cosas. Mi idea consistía en anotarme todas las preguntas en un papelito (las del libro y otras tantas que se me fueran ocurriendo) y entonces al morir alguien tendría la gentileza de colocar ese listado en mi mano y así al llegar al cielo -porque daba por descontado que iría al cielo (en ese entonces era una nena muy buena)- le podría hacer todas las preguntas y Él, de muy buen modo me las contestaría.

A veces -solo a veces- esperar vale la pena


Gracias

12 de noviembre de 2008

Nuevo Diccionario Alternativo: Letra D

dar.

1. entregar algo a alguien. Te voy a dar este libro que te recomendé

Morf. Conjug. Modelo

1. dar gato por liebre.
expr. coloquial que significa entregar algo que es una reverenda porquería haciéndola pasar por algo de lo más pulenta. (Ojo, entre un gato y una liebre yo me quedo con el gato, máxime si se trata de un gato de angora turco)

2. dar masa.
expr. coloquial que implica tener la intención de pegarle una soberana revolcada a alguien de tal forma que la experiencia resulte gratamente memorable a la distancia.
3. te voy a dar.
expr. coloquial que se caracteriza por el grito materno de amenaza a un infante que se está comportando en forma salvaje. Suele ir acompañado por el gesto característico de una mano alzada que se agita de abajo hacia arriba en señal de: en la primera en que te agarre te encajo un zapatazo en el marote.

4. vení que te voy a dar.
expr. coloquial que puede utilizarse como alternativa a la expresión "dar masa" y que significa que la otra persona debe acercarse al enunciador de la frase a los fines de ser partido como un queso*
* en una de las próximas entregas de este diccionario alternativo se brindará la definición de la expresión "partir como un queso".

7 de noviembre de 2008

5 bifecitos de lomo

Esto es algo que no suelo hacer.
Soy enemiga de hacer recomendaciones, por eso me abstendré de hacerlo. Pero como soy una chica "retorcida" (a twisted girl) me las ingeniaré para llevar a cabo mi propósito sin que eso implique tirar por la borda mis indeclinables principios. Entonces -con la simpatía que me caracteriza- diré que esta es una banda norteamericana relativamente nueva, que me gusta mucho.


Las razones por las que la escucho son bastante obvias: me gusta como suenan y por si eso fuera poco la voz del cantante -además de ser increíble- me recuerda a la de uno de mis cantantes preferidos.
Durante la gira mundial de R.E.M (si alguien puede pedirle al Sr. Stipe que salga de mi cabeza, lo sabré agradecer) fueron sus teloneros y hace un par de semanas tocaron en Brasil, en el TIM Festival. Tienen 5 discos, todos son buenos, pero aquí sólo se consigue el último -que se llama Boxer-. Dejo un temita de muestra (vale un botón) que es de su disco "Alligator", del año 2005 y no cabe más que agregar que el nombre de la canción no hace más que acrecentar mi simpatía por este grupo. Según me comentaron, en el recital que dieron en San Pablo, el cantante no se despegó de una copa de vino tinto (un verdadero fenómeno).
Eso es todo.


2 de noviembre de 2008

¿Mr. Stipe, puedo bailar con usted?


No es una tarde de verano, pero parece. Hay sol, mucho sol. Mucho sol en una tarde que no es de verano, pero lo parece. La gente se va agolpando. La música suena. Estoy parada en la primera fila, contra la valla. Pienso si aguantaré ahí hasta la noche, hasta cuando ellos toquen. Aparece más gente. Comienza a bajar el sol. Toca Bloc Party y mi celular suena o mejor dicho vibra. Veo que es Hegel quien llama, pero no escucho lo que dice. Corto. Hegel vuelve a llamar. No escucho porque estoy pegada a la valla y tengo un parlante a un metro. Decido llamarla yo y como no se cuando me atiende digo "Hola" alrededor de 6 veces. Hegel llama justo cuando termina una canción y puedo decirle adónde estoy. Hegel llega a la valla y medio siglo de filosofía alemana se saluda en un abrazo. Sigue tocando Bloc Party -el cantante es Robert Smith pero negro- Terminan. Aplaudimos. Empieza a sonar Kaiser chiefs. Pero no vamos a dejar nuestro sitio. Nos sentamos contra la valla. Esa valla es la medida de todo nuestro Universo. Ya es de noche y falta una hora. En una hora va a sonar R.E.M. Nos paramos. Empezamos a sentir la presión de la gente. Una mujer detrás nuestro nos dice: "Quedense tranquilas chicas, yo voy a resistir para que no nos apretujen". Esa mujer es grosa (más grosa que Mabel). Son las 22.10 y salen al escenario. Él es chiquito (muy). Es flaco (muy). Él parece un monje budista. Hasta que la música suena. Y se transforma en el dueño del escenario (de todo). Él canta y esa voz no es real. Él baila y no es posible que baile así. Hegel y yo gritamos y cantamos. Hegel dice: "Secuestrémoslo". Yo asiento. Él recorre el escenario. LLega hasta donde estamos paradas nosotras. Yo digo: "Esto no puede estar pasando. Él no es real". Nos sonrie y nos saluda porque nos ve. Porque estamos ahí a pocos metros de él. Se para de espaldas contra la pantalla y baila. Suena un piano. Él se apoya en el piano y canta Nightswimming. Como si estuviera en un bar. Yo digo: "No pueden estar tocando este tema. Esto no es real". Dos horas perfectas de música. Ellos saludan. Él se pone un par de anteojos (pequeños como él) y saluda también. Él volvió a ser el monje budista de siempre. El concierto terminó.