29 de octubre de 2007

¿Hasta dónde sos capaz de suponer?

En medio de este clima post-electoral, aprovecho para redactar este posteo, debido a que en este momento tiene las más serias chances de pasar inadvertido.
Supongamos que hace 10 años atrás me ofrecieron ser parte de un destacado equipo de investigación, dentro de un prestigioso centro de estudios sociales.
Supongamos también, que rápidamente me gané la simpatía y admiración de todos los integrantes del proyecto, debido a que mi capacidad intelectual y mi ritmo de trabajo resultaron ser arrolladores; por lo que en pocos meses, logré dar muestras de mi inteligencia y sabiduría inconmensurables.
Supongamos asimismo, que no solo pude demostrar que mi coeficiente intelectual superaba ampliamente el del común de los mortales, sino que también evidencié un poder de seducción de tal magnitud que logré que el responsable de la investigación se enamorara perdidamente de mi, abandonara a su mujer (que también formaba parte del equipo) y se casara conmigo. De esta manera me convertí en la tercera esposa legítima de un renombrado intelectual, quien es proclive a entreverarse con sus colegas académicas. Como todos somos tan cool, tan superados y hacemos alarde de un espíritu crítico a rajatabla, él, su ex esposa, sus ocasionales ex amantes y yo continuamos conviviendo armoniosamente en este grupo de trabajo, como si nada hubiera sucedido... (por otra parte, nada ha sucedido).
Supongamos que en medio de una noche me despierto sobresaltada, y al girar mi cabeza, veo sobre la almohada a mi cool, superado e intelectual marido que duerme plácidamente -cual criatura irresponsable, luego de haber cometido toda clase de tropelías- y decido despertarlo para comunicarle lo siguiente:
- Amantísimo esposo (cada pareja se propina el trato que quiere y vale aclarar que a nosotros nos gusta hablar así), disculpa que interrumpa tu reparador sueño, pero lo cierto es que debo hacerte saber algo.
- Dime, cariño (Ya dije que a nosotros nos gusta hablar de esta manera).
- Me he enterado que el Jefe de la Institución dentro de la cual desarrollamos tan prestigiosa tarea de investigación, se retira de sus funciones y he pensado que sería muy redituable presentarme como candidata para ocupar dicho cargo. Quería conocer tu opinión, puesto que en cierta forma me convertiré en tu jefe.
- Me parece estupendo, primor (sin comentarios). No olvides que no sólo cuentas con mi beneplácito, sino que todo el equipo que está bajo mi inestimable mando, no dudará en votar a tu favor.
- Excelente.
Todo proceso eleccionario es francamente agotador, pero el máximo de tensión se genera cuando el número de votantes es escaso, lo que incrementa las posibilidades de vislumbrar la forma en que votaron mis colegas.
Si de 70 sufragios, me alcé con la irrisoria cantidad de 2 (cosa que a ciencia cierta aconteció), todo me hace suponer que sólo fui elegida por el matrimonio del que formo parte (y ello en virtud de que voté por mi misma y de que quiero suponer que mi amantísimo marido se dignó a votarme también).
Eso sí, ahora desconfío de todos aquellos que al salir del cuarto oscuro me abrazaron, mientras me aseguraban que habían puesto la boleta con mi nombre y además, en mi agenda, asenté el nombre de un abogado especialista en divorcios... todo en tren de suposiciones, claro está...

24 de octubre de 2007

Te llevaré hasta el extremo

En una entrevista, Adolfo Bioy Casares relataba que, al ocurrírsele una idea para un cuento -a contrario sensu de lo que muchos podían suponer- no la exponía ante su amigo Borges, sino que siempre acudía, en primer término, a alguna amiga (el término "amiga" tiene la connotación que ustedes quieran darle, pero conociendo a Bioy sugiero que se lo asimile a "espécimen del género femenino con quien es común alternar prácticas sexuales) . Bioy afirmaba que sólo en el caso de que su "querida" (me mata cuando escucho este término en alguna vieja película argentina) mostrara alguna clase de entusiasmo ante el esbozo del relato, el se internaba en la etapa de la escritura, y que si por el contrario, la fémina en cuestión no expresaba interés alguno, él abandonaba la idea, así sin más.
Bioy trataba de explicar que la tarea de la escritura, al menos en su caso particular y en la instancia previa de la concepción, estaba fuertemente vinculada con la seducción. Su motivación como escritor se veía exacerbada por el hecho de que una mujer se sintiera seducida por la idea que él había pergeñado.
Por su parte, Roland Barthes, en su texto "Diez razones para escribir", señala en la número 4, que él escribe: "Para ser reconocido, gratificado, amado, discutido, confirmado". Esto implica que, en cierta forma, comparte con Bioy la idea de que la escritura es una actividad estrechamente ligada a la seducción.
Luego de citar a estos dos autores, mi opinión deviene absolutamente irrelevante, pero como este es mi blog, me puedo dar el lujo de situar mi pensamiento junto al de estos dos señores, aunque más no sea por meras cuestiones de proximidad.
El arte en sí, es una potencia que genera seducción. La destreza en la ejecución de alguna competencia artística no solo provoca admiración, sino que puede llegar a despertar fervor y en ciertos casos, pasiones incontrolables (me abstendré de explicitar lo que generan ciertos músicos).
Es usual que al descubrir la obra de un escritor, nos sintamos presos de la fascinación y que -en esa suerte de enamoramiento-, nos volquemos con avidez a la búsqueda de todo cuanto haya escrito. Hacemos un viaje hacia su pasado, como si quisiéramos abarcar y descubrir cada uno de sus mínimos pensamientos (a veces eso sucede también con algunos blogs...). En este romance intelectual (que excede el género del autor y del lector) nos encontramos inmersos y experimentamos especial regocijo al comprobar que toda la producción artística de nuestro "objeto/sujeto de deseo" resulta más que digna de nuestro desaforado sentimiento.
Lo que sigue de ahí en más se parece bastante al amor. Algunas relaciones perduran, en otros casos se descubre que sólo se trató de un capricho ó de un malentendido, y puede llegar a darse que el devenir de la producción artística nos desilusione hasta el punto de provocar el abandono del autor. En esta clase de relaciones, la lealtad no sólo es posible sino que también es un valor aconsejable.
Eso sí, lo más difícil de lograr es la exclusividad... Bueno, tal como dije, lo mismo sucede en el amor...

16 de octubre de 2007

Para valiente, Aquiles...

valentía.
2. f. Hecho o hazaña heroica ejecutada con valor.
3. f. Expresión arrogante o jactancia de las acciones de valor y esfuerzo.
5. f. Acción material o inmaterial esforzada y vigorosa que parece exceder a las fuerzas naturales.
Del término "valentía", según la amplia definición que aporta el Diccionario de la Real Academia Española, he seleccionado sólo 3 de sus acepciones. Los tres significados que me resultan útiles a los fines de exponer mi punto de vista, en esta oportunidad (sabrán apreciar la honestidad intelectual que me caracteriza, puesto que bien podría haber editado la definición, de modo que pareciera que eran las únicas tres significaciones brindadas por la Real Academia).
No cabe duda alguna de que la valentía es un valor, pero lo llamativo es cómo la noción de valiente ha ido variando con el correr del tiempo.
En un comienzo, este concepto estaba estrechamente ligado a la figura del héroe o del combatiente. Aquel que luchaba, arriesgando su vida, era un valiente. Resulta factible encontrar un correlato de lo expuesto con la primera definición de valentía (léase la número 2)
Sin embargo, hoy en día, con el advenimiento de los medios masivos y de la tecnología, la idea de valentía ha ido cambiando y ha sucedido algo bastante notable que se relaciona con los otros dos sentidos de la palabra. Un individuo detrás de un monitor, de una pantalla de televisión ó de un micrófono dice algo sumamente personal (El concepto de "personal" es excesivamente amplio. Puede ir desde la exposición de sus preferencias sexuales, hasta la confesión de un sentimiento prohibido, pasando por un atroz o irrelevante secreto de la niñez y las razones por las cuales no consume aceitunas).
Se confiesa ante muchos, que es lo mismo que decir que se confiesa ante nadie. Aquello que tiene un único destinatario ahora es sabido por infinidad de enunciatarios desconocidos, que no tienen rostro. El individuo en cuestión considera que ha tenido que vencer muchas inhibiciones para exponerse en tal forma, y considera que su revelación es la prueba de su valentía, puesto que ha realizado una acción inmaterial esforzada y vigorosa (así dice la definición 5, no?), entonces se jacta de lo valiente que es y se siente muy complacido, porque se ha quitado un peso de encima (peso que ahora pende del cuello del único y verdadero destinatario).
¿Eso es valentía? Más que valentía suena a impunidad. La impunidad que brinda el hecho de saber que cuando hablo y digo lo que quiero, no está el rostro del otro ahí, "in situ", presente, inexorable.
No se si queda claro, pero digamos que es casi lo mismo que yo estoy haciendo en este momento; o acaso el hecho de describir y criticar una conducta me inhabilita para llevarla a la práctica?

12 de octubre de 2007

¿Qué hay de postre?

La repostería es la rama del arte culinario que se dedica a la elaboración de pastas, dulces y algunas bebidas. Uno de los puntos más notables de esta actividad se relaciona con la decoración, puesto que como bien es sabido, la impresión que causa un postre a la vista, lejos de ser un dato menor, es un elemento fundamental.
Desde este espacio se dará cuenta de un postre, que genera un entusiasmo bastante incomprensible entre los comensales. Se trata del merengue. Es innegable que a primera vista seduce, pero a no dejarse engañar, al iniciar la experiencia de su degustación, uno comprobará con indecible tristeza que ha caído en la empalagosa trampa de algún adiestrado maestro pastelero.
Comer un merengue exige determinación y habilidad. Ya desde el comienzo se advierte que se trata de un postre de dimensiones considerables, conformado por dos trozos de merengue que tienen la apariencia de ser dos cascotes que aprisionan una delgada capa de dulce de leche repostero. El primer problema radica en que el tamaño de los cascotes es inversamente proporcional a la cantidad de dulce de leche aprisionado, lo que imposibilita que el postre sea comido en la forma prescripta para los alfajores. Esto demanda que se comience por ingerir uno de los trozos de merengue hasta aproximarse al dulce, pero la sequedad del cascote -cuya consistencia es similar al yeso- obliga a la ingesta de tres o cuatro litros de agua para impedir una segura muerte por la obturación de la faringe. La segunda dificultad se suscita al comprobar que la aridez del yeso imposibilita que el dulce de leche se adhiera al merengue, lo que suele derivar en la absoluta destrucción del postre. A esta altura lo único que se conserva incólume es la supuesta cereza que completa la decoración y que debido a que su sabor y color no se condicen en nada con la fruta en cuestión, jamás es probada, lo que beneficia al negocio de comidas que puede utilizar esta misma única cereza para decorar todos los merengues que fabrica.
Este blog sugiere a modo de humildes consejos:
  1. Afinar el tamaño de los merengues hasta obtener el mismo grosor de la tapa de los alfajores. El material excedente puede ser utilizado para confeccionar figuras de yeso para el pesebre navideño.
  2. Aumentar la cantidad de dulce de leche o empapar el merengue con algún almíbar o alcohol que termine con su sequedad habitual e impida el derrumbamiento del postre.
  3. Eliminar definitivamente eso que quieren hacer creer que se trata de una cereza.

De lo contrario, cada vez que pregunte "¿Qué hay de postre?" y reciba por respuesta: Merengue, me veré obligada a decir: No, gracias, paso. Yo al merengue prefiero bailarlo...

7 de octubre de 2007

I'm so happy I could scream!
And there's nowhere else in the world I'd rather be
than here...
Gracias, Gracias, Gracias...

El Futuro ya llegó (Qué suerte!!... ¿Qué suerte?)

ACLARACIÓN: Hola, soy John Patitucci. Tal vez me recuerden porque soy uno de los mejores bajistas del mundo o porque suelo comentar noticias en este espacio. Cualquiera de los dos motivos son válidos. Hoy no voy a tocar, sino que me limitaré a comentar alguna novedad tecnológica de suma excelencia, de esas a las que nos tiene tan bien acostumbrados el diario Clarín. De paso, les dejo una foto mía, para que me admiren más aún y siempre me recuerden. Suyo, John.


Aquí estoy junto a uno que se quiso sacar una foto conmigo.








Ultimo Momento (Empezamos mal como siempre. Esto ya me aburre, así que no voy a emitir ninguna opinión al respecto)
11:40 Hewlett-Packard creó un parche medicinal basado en la tecnología de sus impresoras (EPA!!! Esto si que es verdadera tecnología de vanguardia aplicada. Una empresa dedicada a la producción de hardware, ahora vuelca su caudal de conocimientos al terreno de la medicina y de esta forma no sólo contribuye al progreso científico, sino que brindará innumerables beneficios para los pacientes. Apuesto que hará aportes para que los médicos no ordenen la realización de estudios tan invasivos y dolorosos, que dañen el organismo de manera innecesaria. Aguante Hewlett-Packard)
El desarrollo incluye 90 mil microagujas (Perdón?, leí bien? Acá debe haber un error... No percibo avance alguno en la existencia de 90.000 microagujas), un procesador que administra las dosis (claro, se refiere a un enfermero) y una unidad térmica donde se regula la temperatura de los medicamentos (o sea, una heladera o refrigerador). El sistema está inspirado en las impresoras de inyección de tinta (Y digo yo: no se podían inspirar en las impresoras láser? Porque seguramente el avance que iban a alcanzar en ese caso, iba a ser mucho más relevante para la medicina).
Basándose en la tecnología que utilizan las impresoras de chorro de tinta (Basta de repetir la información, ya lo entendí, lo de las impresoras láser era sólo una sugerencia, pero tenganlo en cuenta para la próxima), Hewlett-Packard trabaja en un nuevo método para colocar inyecciones medicinales (Dr, odio las inyecciones. No me puede prescribir alguna pastilla en su lugar?). El sistema, que todavía no fue probado en animales ni personas (No se por qué pero no me gustaría ser ni animal ni persona. Ah, esto no era un test desiderativo? Bueno, pero por las dudas elijo ser vampiro, porque seguro que nadie se va a animar a probar ningún sistema en un vampiro), consta de un parche que incluye 90.000 microagujas (Maldición!!!! Había leído bien, eran 90.000 microagujas nomas. Gracias, gracias Hewlett-Packard, su magnífico invento posibilita que en lugar de soportar una sola aguja, ahora seamos pinchados por 90.000. Ya que están inspirados en tanta tecnología, por qué no diseñan un mouse que en lugar de una bolita tenga una minimotosierra, así se utiliza como bisturí ó también un cable USB que se clave en el ojo para medir la presión ocular?) .
El dispositivo cuenta con un microprocesador que administra la entrega de medicina en diferentes cantidades y horarios (Si, ya dije que se refiere al famoso "enfermero", pero si es micro significa que debe tratarse de un enfermero enano ó de muy baja estatura), según la presión arterial, el ritmo cardíaco y otros signos vitales del paciente. Además, dispone de una unidad térmica, donde se regula la temperatura de los medicamentos antes de ser trasladados hasta las agujas (siempre terminamos volviendo al tema de las agujas... que sádicos resultaron ser los directivos de esta empresa).
Tanto para el desarrollo de la serie de agujas como de la unidad térmica, Hewlett-Packard adoptó la tecnología utilizada en sus impresoras (Es la tercera vez que lo dicen, acaso piensan que esta noticia es de mucha complejidad o que algo no nos quedó claro?) .La compañía irlandesa Crospon será ahora la encargada de fabricar y probar los parches (Nunca pensé que iba a llegar a pensar esto, pero menos mal que no vivo en Irlanda)




3 de octubre de 2007

Educar al Soberasno

Ser alumno universitario no es tarea fácil. Me consta por partida doble.
Ser docente universitario tampoco lo es y también me consta, posiblemente por partida triple.
Sin embargo, advierto -con espanto- que hay cuestiones que tornan absolutamente insalubres ambas instancias y que podrían ser subsanadas en función de engrandecer la formación académica.
El primer problema que uno enfrenta es el de la existencia de materias cuya denominación no se condice con el contenido. Por ejemplo, uno se inscribe en un seminario de Diseño Gráfico y Publicidad en el cual no sólo no se diseña nada sino que ni siquiera se habla de publicidad, pero eso sí, se abordan muchisimas problematicas, todas desde un punto de vista teórico (Eso me recuerda al fabuloso laboratorio que había en mi colegio secundario. Era tan fabuloso que lo único que no se podía hacer era usarlo- Porque claro, estaba todo tan ordenado que era un pecado que un grupo de chicas lo desacomodaran. Así que creo que lo máximo que llegamos a hacer fue diseccionar a una pobre flor).

El segundo problema se suscita con la selección de la bibliografía. Una de las cosas que más me entusiasma de la Facultad es que se hace explícito el cruce que se produce entre diferentes autores. Marx escribe y le contesta a Hegel, los filósofos de la escuela de Frankfurt contradicen a los de la Mass Comunication Research, Derridá discute con Foucault y así... pero la incoherencia máxima se genera cuando en alguna materia, un titular de cátedra trasnochado decide forzar un "dialogo" entre autores que no abordaron las mismas temáticas, que no se conocieron y que ni siquiera eran contemporáneos. Este tipo de extraño cruce intelectual no sólo resulta ríspido para el entendimiento del educando que suele preguntarse: ¿Y esto que cuernos tiene que ver con lo que estabamos viendo hasta ahora?, sino que además propicia intervenciones públicas del siguiente tenor: "No, profesor, lo que pasa es que Rousseau escribió este texto para responderle a Foucault", comentario que ameritaría la siguiente intervención del docente: "Mirá, salvaje, yo no se bien de que tribu te escapaste y admito que la lógica y el orden de la bibliografía de esta materia es bastante confuso y arbitrario, pero cuando Roussea escribió este texto, Foucault ni siquiera figuraba en los planes divinos y por otra parte, si llegó a contestarle debe haber sido en alguna sesión del juego de la copa, en la que Foucault haya convocado al espiritu de Rousseau, ó en su defecto, se pueden haber encontrado en el cielo para conversar. Pero dudo en gran medida que Monsieur Foucault habite cielo alguno".